Estábamos tratando de comprender dónde estabamos ubicados, siguiendo claves, leyendo mapas y libros. A veces corríamos para salir de la colonia, a buscar víveres, a sembrar árboles; hacia otras partes de la ciudad. Eran tiempos de cambios. Nos decía que estaba pasando el apocalipsis propio, la revelación para mucha gente. En los pequeños grupos y caminos, salíamos.
Entre los grupos que salían había aprendices, y apareció ella, llegaba con un grupo cargando una patineta. Nos vestimos, peparándonos para salir, para ir hacia la intemperie a la búsqueda de cosas que entender. Eramos pequeñosgrupos de ensoñadores. Al cruzar la puerta, hacia la calle, me saludó para comenzar nuestra misión, nos dimos un abrazo y sin pensar también nos besamos. Pero era un beso de fuego. Podía sentir crecer un calor innegable en mi cuerpo mientras nos besábamos. Estaba sorprendido, me había hecho a creer que este tipo de experiencias no sucedían, que no eran reales. Ese tipo de experiencias se quedan como un moño energético amarrado a tu cuerpo. Se crea una tela luminosa, una brasa en tu interior, y te dá fuerza para las noches obscuras.

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