Psicoanálisis
3. La censura del sueño
El hombre bueno se conforma con soñar
aquello que el malo lleva a la realidad
Platón
Conocemos las diferencias entre el contenido manifiesto del sueño, el relato o historia contada, y las ideas latentes, que son asociadas libremente respecto al sueño que se va a interpretar. En esta interpretación, el contenido manifiesto es una representación de un elemento latente; es una representación plástica, derivada de la forma de expresión verbal de la idea latente. Las operaciones psíquicas inconscientes contribuyen a deformar esta idea, y a la vez dan forma al sueño.
Las imágenes oníricas surgen como sustituyentes o acompañantes de las ideas latentes: estos los elementos abstractos que le dan lugar. En el proceso de soñar, las expresiones verbales ocultas son representadas por elementos visuales. Es perfectamente posible que incluso el nódulo central de las ideas latentes no aparezca en el sueño manifiesto, sino en los detalles de la asociación libre. La relación entre las ideas latentes y lo manifiesto no es sencilla. Una idea latente puede presentarse en más de un contenido manifiesto, e incluso una figura onírica puede encerrar varias ideas latentes.
El sueño es un producto psíquico complejo, completo y concatenable a la vida del soñante. Es un efecto de la vida psíquica del paciente. Al desenredar las operaciones psíquicas se puede reconstruir el deseo oculto.
Los sueños son realizaciones de deseos. Son sustituciones deformadas de los deseos inconscientes. Estos deseos inconscientes pulsan por expresarse; pulsan por manifestarse. Esta realización es capaz de transformar las cosas en el mundo del soñante. No obstante, para que llegue a nuestra conciencia, en el sueño se realizan disfrazadamente. Los deseos, para realizarse, se han tenido que transformar; se desplazan, se condensan. Esto es debido a la acción de la censura. La acción de la censura en el sueño aporta los disfraces y deformaciones con que nos aparece compuesto propiamente el sueño. La realización del deseo, en el sueño, es alucinatoria. Es sin embargo un hecho real psíquico.
Los deseos inconscientes son una parte de la psique, pero la censura también forma parte de ella. De modo que, para realizarse, se deben transformar. La censura del sueño es, desde luego, autocensura. La censura exterior tiene una parte instalada en el soñante. Ésta censura siempre aparece.
Uno de los operadores de la censura es el desplazamiento. Consiste en desplazar una parte importante de las ideas latentes hacia otro núcleo de ideas. Este proceso psíquico cambia el centro de gravedad del sueño. Siempre transforma al sueño, y de hecho está implicado en casi todos los procesos psíquicos. La censura obliga a que se produzca dicho desplazamiento. Ésta misma causa la omisión. El agrupamiento aleatorio de elementos, obedece precisamente al deber de deformar, obligado de nuevo por la censura.
Otro aspecto con una naturaleza similar es la resistencia. El proceso que intenta estar alejado de la idea latente. Se identifica ante la necesidad de trabajar muchas asociaciones libres para llegar al deseo latente. El efecto de la resistencia es ir en contra de la interpretación.
¿Qué deseos provocan tanta fuerza en su contra, para poder expresarse?
Al estar consciente, el soñante normalmente estará de acuerdo con la censura. La censura es reconocida por el hablante. La tendencia opuesta son los deseos represibles, inconfesables; aquellos que uno no reconoce, que no quiere expresar libremente o bien no admite siquiera tener, de manera consciente. Estos deseos peligrosos son quienes normalmente aparecerán, deformados, en el sueño.
Podemos afirmar que los deseos inconscientes, inexpresados, son aquellos que expresan un egoísmo sin límites. En cierto sentido, todos los perssonajes que aparecen en el sueño son interpretaciones o aspectos del soñante. Todos son caracteres de su propiedad. En ese sentido, el sueño es una manifestación narcisista.
Las ligas morales se relajan en el sueño, al igual que en cualquier estado anestésico, alucinatorio, sedante. Pero la censura no se esfuma, simplemente se relaja. Todo el aparato de censura, moral, está construido para permitir llevar a cabo la vida social de una manera adecuada. En el sueño el sujeto se desliga del mundo exterior; sucede algo parecido en las salas de cine o de teatro. La desvinculación de la vigilia y del mundo exterior otorgan la libertad suficiente para que el sujeto intente realizar sus deseos inconscientes; al menos en su expresión disfrazada, como se recuerda en el contenido manifiesto.
De acuerdo con Freud, los deseos latentes que pulsan en el sueño tienen que ver con los deseos más instintivos, con los antojos más primitivos ontológicamente; son los primigeneos durante nuestro desarrollo como sujetos. Son por tanto, deseos infantiles.
El ser humano es prácticamente inválido al nacer, se le debe proveer de todo para que le sea posible sobrevivir. Estas tendencias primitivas tienen que ver con impulsos sexuales, miedo, agresión, hambre, etc. No han desaparecido en nosotros. La constitución del individuo como sujeto ha hecho necesario que se repriman o que se modifiquen acorde a una vida civillizada. Lo más deseable es su sublimación. Las expresiones oníricas son, de cierta forma, inofensivas. Pero la lucha o el balance entre estas tendencias y la censura grupal familiar pueden producir no sólo lapsus, olvidos, etc., sino síntomas y padecimientos.
Los deseos indecorosos, no aceptados, producen la experiencia del sueño, para realizarse en la realidad imaginaria.
En el mundo psíquico, siempre hay tendencias contradictorias entre sí que conviven dentro de cada persona. Se es una cosa y la otra. A veces nos peguntamos ¿qué pasa; por qué no puedo dar el siguiente paso? Normalmente hay un conflicto que se está tratando de resolver. Muchas veces no sabemos claramente de qué se trata, hasta que no se interpretan los sueños.
Las tendencias eróticas u hostiles existen en todos. El ser humano es capaz de un gran humanitarismo, y también de crueldad. La infancia misma es dual. Los instintos permanecen, hay que arreglárselas con ellos cada día, cada vez que se toma una decisión.



